jueves, 11 de agosto de 2011

 El timbre sonó, lo que sobresaltó un poco a Sam que se preguntaba si James ya había llegado. Bajo las escaleras con tanta rapidez que casi iba a trompicones. Nada más bajar sacudió la cabeza y se apresuró a abrir la puerta "con muuuuuuuuchaa calma" pensaba Sam. En el umbral de la puerta había un muchacho de dieciséis años recién cumplidos, llevaba una cazadora bastante gruesa pues hacía algo de frío en la calle.
 Tal y como Sam sabía (y cualquier chica de su curso) James Scott era el chico con el que cualquier chica desearía salir. Tenía el pelo castaño y algo revoloteado y unos grandes ojos color añil como el mar. Era bastante alto, más que Sam, y lo suficientemente corpulentos como para no parecer enclenque.

 -Emmmm-. dijo James. Se sentía algo estúpido en aquella puerta de aquella casa. Dentro de los bolsillos de la cazadora sus manos se movían de forma involuntaria. Además, aquella chica pecosa que le había abierto la puerta le sonaba-. Soy James y he venido a recoger a mi hermana pequeña Sophie, creo que estaba en casa de su amiga...¿Penélope Beckhood?

-¡Ahh! Hola James-. Sam parpadeó varias veces. Ahora lo entendía todo, que iba a hacer si no James que ir a recoger a su hermana-. Espera un segundo. Pasa no te quedes en la puerta.

 James pasó dentro y se dirigió al salón. Aquella casa era muy acogedora y se estaba caliente. Pudo ver que encima de algunas estanterías y de una cómoda había fotos de dos hermanas, que, conforme iba avanzando al salón se hacía más mayores en las fotos. Una de ellas le llamó la atención: la muchacha que le había abierto aparecía sonriendo, llevaba un uniforme azul y gris y una beca roja por encima de su jersey. Llevaba en la mano un pequeño diploma en el que se podía leer: Graduación sexto de primaria. Curso 2006/2007. Colegio St. Josephine. "¡Claro, ya se de que me suena, está en la clase de al lado, creo que se llama Samantha" Pensó James. Al momento Sam volvió.

 -Dicen que nos esperemos, que no van a bajar hasta que no acaben con no se que.

 -Ah, pues la espero. ¿Te llamas Samantha? Eres de la clase de al lado ¿no?

 -Si, pero prefiero Sam si no te importa-. La chica sonrió

 -Claro, claro Sam

 El resto del tiempo se lo pasaron hablando básicamente del colegio; de las tareas, los profesores los rumores etc. Tras una anécdota que contaba James sobre una clase de biología aparecieron por la puerta del salón dos niñas de unos ocho o nueve años. Una de ellas era muy parecida a Sam, exceptuando que su cara estaba limpia de pecas. La segunda, tenía el pelo castaño recogido en dos colas, y ojitos turquesas nada que ver con los de James.
 Sophie fue corriendo hasta el sofá donde se hallaba su hermano y lo abrazó. Minutos después Penny y Sam estaban despidiendo a sus invitados.

 -A todo esto-. Dijo Sam-. ¿Y mamá y papá?

 -Creo que estaban en casa de los tíos-. Encogió los hombros-. Pero no sé.

 Sam subió a su cuarto y miró el reloj que había colgado en la pared. "Ya son las ocho y media. Imposible" Sam resopló y dio por suspenso el examen de historia. Se tumbó en la cama y pensó en lo que había ocurrido aquella tarde. El chico más guapo del curso había ido a su casa, habían estado hablando como de toda la vida durante una hora... Parecía imposible. Pero lo cierto era, que James no era sólo físico como creía ella, si no que le había caído simpático.